La integridad de los componentes electrónicos muchas veces depende de factores invisibles. Una descarga electrostática (ESD) de apenas 100 voltios, imperceptible para el ser humano, puede dañar o destruir un microchip. Sin embargo, uno de los errores más comunes en la industria es pensar que basta con utilizar una bolsa ESD al final del proceso.

En ADS Industrial promovemos una visión integral: la protección antiestática no comienza en el empaque, sino desde la estación de trabajo. Aunque una bolsa ESD actúa como una jaula de Faraday, su efectividad depende completamente de que el manejo previo haya sido controlado.

Un componente puede llegar al empaque ya comprometido si durante el ensamble estuvo expuesto a descargas por falta de control de la estática, manipulación inadecuada o materiales que generan fricción y carga innecesaria. Por ello, la protección ESD debe entenderse como una cadena completa que abarca desde el entorno de trabajo hasta el embalaje final.
Invertir en una estrategia integral evita pérdidas que impactan directamente en la competitividad y en la percepción de calidad del cliente.